Dimensión ética de la evaluación: El poder
Evaluar en un concepto difícil, con múltiples definiciones y
connotaciones. Para algunos es objetiva o debe tratar de serlo, para otros
nunca será objetiva al ser una actividad en la cual participan personas.
La enseñanza y la evaluación no son procesos neutrales, se trata de
procesos que tienen un fuerte componente político-ideológico y ético-moral, que
inevitablemente afecta las vidas de las personas implicadas. (Moreno, 2011)
Bajo esta concepción de evaluación, el evaluado se ve afectado de una u otra forma. Por ejemplo,
en el caso de un alumno; presión, nerviosismo y malos resultados; en el caso de
un docente, rechazo, molestia, frustración y salida del sistema. Así, el evaluar acarreará consecuencias nefastas
que pueden llevarse a lo largo de la vida.
Son muchas las aristas de las implicancias éticas de la educación. Me
centraré particularmente en el tema del poder. ¿Qué grado de poder tiene el profesor dentro de
la evaluación? ¿Influye el poder en la evaluación?
Entre profesor y alumno se da una
relación asimétrica en el proceso de
evaluación. En esta relación, jerárquica es el profesor
quien guía al alumno en su aprendizaje, es quien enseña las distintas
áreas del conocimiento, quien busca una metodología, estrategias y planifica para que el alumno pueda
comprender y; uno de los procesos más
cuestionados, evaluar en que medida ese conocimiento ha sido aprendido por el alumno.
Para Kenneth (citado por Franco, 2008) la evaluación es primordial cuando
se le ubica como un recurso o instrumento que responde a la dinámica misma y a
la construcción del proceso educativo. Con ella se busca responder a las
necesidades, a los intereses, a los deseos de los sujetos que están
ínter.-actuando con el que-hacer pedagógico. No se puede suprimir cuando se le
entiende como valoración y análisis en una educación centrada en sujetos y
procesos.
El poder en este sentido forma parte del proceso de enseñanza aprendizaje. Pero al
mismo tiempo toma una connotación distinta, dependiendo del rol que juegue. Si
lo tomamos de manera positiva y este se ve reflejado en la forma cómo
evaluamos, traerá grandes beneficios a los alumnos, pero en cambio si es para
discriminar, enjuiciar, estigmatizar caemos en una falta ética. Esta ocurre
cuando se hace un mal uso la relación profesor-alumno.
Cuando la calificación prima por sobre todo y el profesor quiere hacer
notar la diferencia jerárquica entre ellos, la evaluación se empobrece. Esto,
además conlleva una relación poco adecuada con las familias, y por tanto, con
la comunidad; sin dejar de lado las consecuencias psicológicas para el actor más importante: el alumno.
Hay que evitar a toda costa hacer de la evaluación un instrumento de
dominación. Este sentido vertical y descendente desvirtúa y empobrece sus
funciones. Por el contrario hay que hacer de ella un proceso de diálogo,
comprensión y mejora de la práctica educativa. Esto se construye con una
práctica depurada éticamente, con una meta: evaluación rigurosa y con un control
democrático de ambas. (Santos Guerra, 2000)
Por lo todo lo anterior, se le debe dar real importancia a la evaluación.
Pasar de una mirada jerárquica a una mirada cooperativa, por lo tanto, hacer de
la evaluación un aprendizaje para los alumnos y no una forma de castigo o
enjuiciamiento social. No se deben cortar las alas a los alumnos sólo por el hecho de las ansias de poder.
Bibliografía
Franco, Rosa
(2008) ¿Por qué la evaluación en el medio
educativo debe ser ética para un desarrollo verdaderamente humano? Revista
Eleuthera. Vol. 2.
Moreno, Tiburcio
(2011). Consideraciones éticas en la
evaluación educativa. Revista Iberoamericana sobre Calidad, Eficacia y
Cambio en Educación, volumen 9, Numero 2.
Santos Guerra,
Miguel Ángel. (2000). Evaluación
educativa. 3ª edición. Buenos Aires: Editorial Magisterio.


