domingo, 15 de enero de 2012

Dimension ética de la evaluación


Dimensión ética de la evaluación: El poder


Evaluar en un concepto difícil, con múltiples definiciones y connotaciones. Para algunos es objetiva o debe tratar de serlo, para otros nunca será objetiva al ser una actividad en la cual participan personas.

La enseñanza y la evaluación no son procesos neutrales, se trata de procesos que tienen un fuerte componente político-ideológico y ético-moral, que inevitablemente afecta las vidas de las personas implicadas. (Moreno, 2011)

Bajo esta concepción de evaluación, el evaluado  se ve afectado de una u otra forma. Por ejemplo, en el caso de un alumno; presión, nerviosismo y malos resultados; en el caso de un docente, rechazo, molestia, frustración y salida del sistema.  Así, el evaluar acarreará consecuencias nefastas que pueden llevarse a lo largo de la vida.  

Son muchas las aristas de las implicancias éticas de la educación. Me centraré particularmente en el tema del poder.  ¿Qué grado de poder tiene el profesor dentro de la evaluación?  ¿Influye el  poder en la evaluación?

Entre profesor y alumno  se da una relación asimétrica  en el proceso de evaluación. En esta relación, jerárquica  es el  profesor  quien guía al alumno en su aprendizaje, es quien enseña las distintas áreas del conocimiento, quien busca una metodología, estrategias  y planifica para que el alumno pueda comprender y;  uno de los procesos más cuestionados, evaluar en que medida ese conocimiento ha sido aprendido por el alumno.

Para Kenneth (citado por Franco, 2008) la evaluación es primordial cuando se le ubica como un recurso o instrumento que responde a la dinámica misma y a la construcción del proceso educativo. Con ella se busca responder a las necesidades, a los intereses, a los deseos de los sujetos que están ínter.-actuando con el que-hacer pedagógico. No se puede suprimir cuando se le entiende como valoración y análisis en una educación centrada en sujetos y procesos.

El poder en este sentido forma parte  del proceso de enseñanza aprendizaje. Pero al mismo tiempo toma una connotación distinta, dependiendo del rol que juegue. Si lo tomamos de manera positiva y este se ve reflejado en la forma cómo evaluamos, traerá grandes beneficios a los alumnos, pero en cambio si es para discriminar, enjuiciar, estigmatizar caemos en una falta ética. Esta ocurre cuando se hace un mal uso la relación profesor-alumno.

Cuando la calificación prima por sobre todo y el profesor quiere hacer notar la diferencia jerárquica entre ellos, la evaluación se empobrece. Esto, además conlleva una relación poco adecuada con las familias, y por tanto, con la comunidad; sin dejar de lado las consecuencias psicológicas  para el actor más importante: el alumno.

Hay que evitar a toda costa hacer de la evaluación un instrumento de dominación. Este sentido vertical y descendente desvirtúa y empobrece sus funciones. Por el contrario hay que hacer de ella un proceso de diálogo, comprensión y mejora de la práctica educativa. Esto se construye con una práctica depurada éticamente, con una meta: evaluación rigurosa y con un control democrático de ambas. (Santos Guerra, 2000)

Por lo todo lo anterior, se le debe dar real importancia a la evaluación. Pasar de una mirada jerárquica a una mirada cooperativa, por lo tanto, hacer de la evaluación un aprendizaje para los alumnos y no una forma de castigo o enjuiciamiento social. No se deben cortar las alas a los alumnos sólo por el hecho de las ansias de poder.





Bibliografía
Franco, Rosa (2008) ¿Por qué la evaluación en el medio educativo debe ser ética para un desarrollo verdaderamente humano? Revista Eleuthera. Vol. 2.

Moreno, Tiburcio (2011). Consideraciones éticas en la evaluación educativa. Revista Iberoamericana sobre Calidad, Eficacia y Cambio en Educación, volumen 9, Numero 2.

Santos Guerra, Miguel Ángel. (2000). Evaluación educativa. 3ª edición. Buenos Aires: Editorial Magisterio.